De nuevo sobre el presunto judaísmo de La Celestina (con unas gotas de sociología crítica)

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Desde 1954, estimulados por las brillantes teorías de Américo Castro sobre el pasado español, varios críticos sostuvieron que La Celestina reflejaba un problema sociorreligioso típico de la época y otros buscaron en una pretendida ascendencia conversa de Fernando de Rojas, desmentida por múltiples testimonios que recalcan la hidalguía familiar en el proceso de 1584, la explicación de varios aspectos de la obra (la anonimia de la edición de 1499, el pronto cese de su actividad literaria) o incluso la de detalles menudos (el suicido de Melibea, la equiparación que de Calisto con Dios hace Melibea o crípticas referencias a la Inquisición, al parecer tan escondidas que pasaron más de cuatrocientos años hasta que cuatro o cinco entendidos las detectaron). Incluso S. Gilman, a partir de tardíos procesos de fines del siglo XV y principios del XVI, malinterpretados de cabo a rabo, montó una fantástica biografía de Rojas, a la que llega por la acumulación de argumentos falaces que, de simples hipótesis, pasan a enunciarse como tesis, mediante la repetición de suposiciones que, después de reiterarse, buscan erigirse en evidencias intocables para quien las digiere sin espíritu crítico. De algunas de estas teorías ya me ocupé detenidamente en un artículo de 1989, repetidamente citado por muchos estudiosos y calificado por J. Snow de “un clásico <<tour de force>>”, mientras que Pedro Cátedra juzgó sus “presupuestos” como dignos de aplicarse a “otros escritores”. Con todo, posteriormente, un indocumentado ajedrecista, a partir de una bibliografía reducida a media docena de títulos, pretendió ahijar el texto a Luis de Lucena, mientras que se sucedían otros artículos en que volvía a escarbarse una raíz judaica de Rojas en la caracterización de algunos personajes o en ciertos pasajes de la obra (desde el acróstico a las referencias al campo semántico de <<limpieza>> o a la calificación que hace Pármeno del marido de Celestina como <<comedor de huevos asados>>). Alguno ha llegado a considerar a Celestina como una parodia de la Virgen y su casa como un lugar de culto antimariano y anticristiano; otro ha juzgado la obra como “a problematic hybrid text” con mensajes deliberadamente distintos, de manera que “the text of Celestina […] could very well be a Christian and a Jewish text, depending of the reader”; unos pocos han definido la obra como un conjunto de malogros, mediante los que Rojas pretende dibujar el drama humana de su propio grupo social de conversos; y varios más han contribuido a la confusión. Ahora bien, salvo algún caso aislado, estas propuestas suelen coincidir en monumentales lagunas bibliográficas, especulaciones elevadas a certezas y voluntarismo crítico y, en alguna ocasión, incluso se formulan no sobre el texto castellano sino sobre una traducción al inglés. Además de repasar y refutar con pormenor estas teorías, puesto que no a todos los citados cabe enjuiciar de la misma manera, acabo con un ejercicio de ensayo taxonómico estableciendo una serie de grupos en que cabría incluir a estos críticos.

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