El origen genovés de Cristóbal Colón

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Es cierto, como tantos han subrayado, que la figura y la vida de Colón están repletas de misterios y enigmas, porque, pese a que acerca de él queda más documentación que sobre cualquier coetáneo de tan humilde origen, no siempre concuerdan los datos y detalles por él aportados en sus múltiples escritos y los aducidos por otros personal y cronológicamente cercanos (su propio hijo Hernando, los historiadores Bernáldez, Mártir de Anglería, Las Casas, Fenández de Oviedo o los primeros testigos de los tempranos pleitos colombinos). A esa discordancia se han sumado en los tiempos modernos las interpretaciones más peregrinas de algunos historiadores y, sobre todo, las lucubraciones de no pocos aficionados y publicistas de tres al cuarto, quienes han difundido las teorías más absurdas y disparatadas, con el único fundamento de la adivinanza o el presentimiento. Siguen, por tanto, con plena validez las reflexiones de Fernández Armesto, quien, con serio humor, sostenía en 1990 que es tal “la atracción entre Colón y los chiflados” que, “si una de las numerosas comisiones formadas para conmemorar el quinto centenario del descubrimiento de América [en 1992] ofreciera un premio a la teoría más estúpida sobre Colón, el concurso sería muy reñido”. La oriundez de Colón constituye uno de esos aspectos sobre el que se han arracimado las hipótesis más inverosímiles y hasta risibles, cuyo más remoto apoyo se ha pretendido encontrar en una mala lectura de la Historia del almirante de su hijo don Hernando, terminada en 1539, aunque su primera edición no se publicó hasta 1571 en italiano. Más en concreto, sin salir de España, se ha considerado a Colón castellano de Guadalajara, extremeño, gallego, catalán, ibicenco y mallorquín, y se le ha tenido por hijo ilegítimo del conde de Treviño o del príncipe de Viana; y, conectado o no con su presunta filiación hispana, se ha defendido su ascendencia judía. Tras examinar con mucho pormenor y desechar todos esos supuestos que carecen de la mínima base, traigo a colación todas las manifestaciones del propio Colón y de sus familiares que lo señalan como extranjero (el Diario del primer viaje, declaraciones notariales, pleitos y cartas en que él y sus hermanos se juzgaron foráneos), un origen que también revela la lengua empleada por el almirante en sus múltiples escritos (una base castellana, aprendida oralmente, mezclada con soluciones gráficas, fonéticas, léxicas y morfositácticas del portugués y de su natal dialecto italo-hablante, es decir, la variante propia de la región de Génova, junto a algunos términos aprendidos de la jerga «levantisca» común a los marineros mediterráneos). Ahora bien, una vez asentada la indiscutible procedencia extranjera de Colón, coinciden en ser descabelladas las conjeturas que han querido convertirlo en francés, inglés, griego, suizo, corso y hasta americano. Pues, frente a tales suposiciones infundamentadas, el origen italiano de Colón se dio por sentado desde época temprana: así, era simplemente italiano para el cronista portugués Rui de Pina; ligur, para Mártir de Anglería; acaso de Piacenza, para Fernández de Oviedo; tal vez de Cugureo, también para Oviedo, López de Gómara y Bernardo Colombo (que emplea un documento falsificado); de Savona, para Giambattista Strozi y Galíndez de Carvajal; y de Cuccaro, para Baldassare Colombo. Pero menciones prontas del mismo Colón, de sus allegados (su hermano Bartolomé, su hijo Hernando, familiares de Génova) permiten concretar todavía más y afirmar, según se acepta casi unánimemente, su origen genovés, también recalcado en distintos documentos y que explica las múltiples conexiones que, a lo largo de su vida, estableció el almirante con genoveses de toda condición, a las que me refiero con detalle. Traigo a colación después las informaciones del genovés Antonio Gallo en 1506; del también genovés Battista Fragoso en 1509; y de varios autores de principios del siglo XVI (Arcangelo Madrigiano, Bartolomeo Senarega, Agostino Giustianini), para concluir que, a estas alturas, y salvo pruebas concretas en contrario, parece un ejercicio de funambulismo crítico discutir la procedencia genovesa de Colón. Deben rechazarse, en cambio, las ínfulas del hijo, quien le atribuyó un elevado origen que cabría remontar hasta la época romana, en lo que le siguió Las Casas, ya que, a tenor de la documentación exhumada en los archivos genoveses, parece bastante segura su identificación como uno de los hijos del humilde matrimonio formado por el tejedor Domenico Colombo y Susana Fontanarossa, de cuyo enlace nacieron otros tres varones y una hija, sobre los que termino aportando algunas observaciones.

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