El papel en la España medieval, I: Tecnología y economía

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Descubierto en China como muy tarde en el siglo II antes de Cristo, los árabes se hicieron con la fórmula de confección del papel tras la batalla de Atlak, cerca de Talas, el año 751, y de inmediato iniciaron su fabricación en Samarcanda. A fines del siglo VIII, la dinastía abbasí lo adoptó como materia escriptoria, extendiéndose su conocimiento y elaboración por distintos lugares del mundo islámico a lo largo de los siglos IX y X. Hacia mediados del siglo X o muy poco antes, con precedencia a que llegara a otras zonas del mundo islámico, se empleaba y fabricaba en la España musulmana y ya en el siglo XI Ibn Hazm cita en un poema el papel y la vitela como soportes escriturarios, aun destacando el primero; y en la centuria siguiente, mientras Ibn Abdun menciona la elaboración de papel y pergamino en Sevilla, al-Idrisi resalta que el mejor papel del mundo se fabrica en Xátiva, desde donde se exporta a Oriente y Occidente. En los territorios cristianos de la Península ibérica el empleo del papel debió de ser casi coetáneo a su introducción en al-Andalus, como muestra un Breviarium gothicum procedente de Silos, quizás de la segunda mitad del siglo X, donde se alterna el papel y el pergamino. Desde el siglo XII la elaboración de papel se extendió por diversos lugares de la España cristiana, como prueban los diversos molinos papeleros en Cataluña y Castilla, y asimismo los hispanojudíos se sirvieron muy pronto de ese material, pues Pedro el Venerable, abad de Cluny, en su Tractatus adversus judaeorum inveteratam duritiem, hablando de un viaje a Santiago de Compostela en 1142, menciona libros de judíos hispanos hechos en papel (<<ex rasuris veterum pannorum>>). En el resto de los países europeos el uso de papel autóctono y la fabricación propia son posteriores, por lo que los territorios cristianos de la Península ibérica se hallaron en una posición privilegiada para explotar el potencial teconológico, económico y cultural del producto, dadas las ventajas que conllevaba frente al pergamino. Tras ese análisis histórico, se estudian los aspectos tecnológicos que concurrieron en la elaboración del papel en los siglos siguientes, así como la competencia con el papel italiano; y las repercusiones económicas que afectaban a los artesanos que vivían de ese trabajo, a los recolectores de trapos que facilitaban la materia prima, al comercio interno y a la exportación, aunque no hubo un interés especial por el desarrollo de una industria papelera ni por una organización industrial. Por eso, el papel español dejó paso desde el siglo XIV al italiano (<<lombardo>>), cuya preferencia atestiguan en el siglo XV algunos códices de contenido literario, como la copia preservada del Cancionero de Baena, lo que no cambia tras la introducción de la imprenta, de modo que en el último cuarto de la centuria, desde Toledo a Valencia, casi todo el papel consumido procede de Italia. Termino indicando que, aparte de su empleo para la actividad escritoria, al papel se le dio otros usos, desde servir como ingrediente médico a la fabricación de collares o chapiretas, con las consiguientes repercusiones económicas y sociales.

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