Entre el mito, la historia y la literatura en la Edad Media: el caso de Santiago guerrero

      Comentarios desactivados en Entre el mito, la historia y la literatura en la Edad Media: el caso de Santiago guerrero

La identificación del apóstol Santiago el Mayor con el cuerpo encontrado en Iria Flavia (hoy, Padrón) por el obispo Teodomiro entre los años 812 y 814, reinando Alfonso II el Casto, carece del más mínimo fundamento histórico, por más que nadie osara ponerla en duda durante siglos. Se trata, en efecto, de un falso relato que atañe a un asunto religioso y, por tanto, nació ya como un mito que se hizo pasar por historia, lo que sirvió de estímulo tanto a la religiosidad popular como a los intereses políticos de reyes y altos eclesiásticos, de manera que la difusión de su leyenda se aseguró por vías muy diversas, entre las que se halla la literatura. Ahora bien, entre las distintas manifestaciones literarias en conexión con Santiago hay que agrupar, por un lado, las que se originan como consecuencia de los viajes hasta el sepulcro que tienen mucho en común con las surgidas en desplazamiento análogos, especialmente a Roma y Jerusalén que, junto al de Compostela, integran las tres peregrinaciones medievales más relevantes. En consecuencia, esa terna de viajes contribuyó a engendrar o difundir géneros, temas, obras concretas y motivos literarios, a veces muy relacionados (como los <<itineraria romana>> e <<hierosolymitana>>, por un lado, y los jacobeos por otro). Otros temas compartidos fueron el peregrinaje como metáfora de la vida del hombre en la tierra, la imagen del peregrino pecador, la de la peregrinación del alma e incluso la del peregrino de amor; y varios fueron menos habituales, como la peregrinación al castillo de la Fama o la del peregrino en busca de un señor. Cabe, sin embargo, citar algunos motivos literarios típicamente santiaguistas que se extendieron en la Edad Media, como ocurre con los votos de Santiago, la discusión sobre su venida a España y su conversión en un caudillo militar, en los que aún hay posibilidades de escudriño. Mi indagación la centro en el último aspecto, contando de manera sistemática con un puñado de textos de cronología, contenido y propósito diferentes que incluye unas cuantas obras hispanolatinas (tres crónicas del siglo XII: Historia Silensis, Chronica Naierensis, Poema de Almeria, y dos grandes obras de la historiografía del siglo XIII: Chronicon mundi de Lucas de Tuy, De rebus Hispaniae de Ximénez de Rada), más un rosario de libros en castellano (el Poema de mio Cid, la Estoria de España de Alfonso X, la Vida de san Millán de la Cogolla de Berceo, el Poema de Fernán González, el Poema de Alfonso onceno, el Laberinto de Fortuna de Juan de Mena y la Compilación de los milagros de Santiago de Rodríguez de Almela). En cuanto a la caracterización militar de Santiago, tras referirme a los distintos bocetos de sus rasgos físicos (rostro y mirada), me detengo en su condición militar con el examen de sus componentes esenciales (el caballo, las armas, la enseña), la advocación a su nombre como ayuda en la guerra, la intervención personal en las batallas y el origen y extensión de ese tipo de figura castrense, cuyo origen, frente a lo supuesto por distintos estudiosos, no es coetáneo a la <<inventio>> del sepulcro, ya que no aparece hasta fines del siglo XI o principios del XII como una variante de la doctrina del <<miles Christi>>, la cual empezaba a expandirse por entonces en la sociedad cristiana de Occidente. Entre las peculiaridades de Santiago guerrero debe retenerse, además, primero, que su protección no constituyó una demanda de los españoles en general sino más bien de los castellanos, mientras que el patrón castrense de Cataluña y Portugal fue san Jorge; segundo, que, aun cuando Santiago constituyó una apelación militar específica de Castilla, incluso allí tuvo competidores, de modo que hubo de compartir su caudillaje no solo con Dios y la Virgen, sino con algunos arcángeles (Miguel y Gabriel) y otros santos (san Pedro, santo Domingo de Silos y, sobre todo, san Millán); y tercero, esa clase de socorro milagroso no fue exclusivo de la España medieval, porque, bien al contrario, en la Baja Edad Media el culto de los santos militares cobró tal auge que hasta algunos se especializaron en actividades bélicas concretas, como san Sebastián para los guerreros y santa Bárbara para los artilleros. Asimismo, casi todos los ejércitos de la época se acompañaban de abundantes imágenes religiosas, sus armas portaban inscripciones devotas, las banderas de sus santos poseían un carácter milagroso, y en medio del combate cada ejército invocaba el auxilio celeste con gritos de guerra que definían el origen: <<San Jorge>>, los ingleses; <<Saint Denis>>, los franceses; <<San Ivo>>, los bretones.

Entre_el_mito_la_historia_y_la_literatur