Fernando de Aragón, Isabel de Castilla y la temprana percepción del peligro turco (1472-1480)

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Desde antes de acceder al trono castellano Fernando de Aragón e Isabel de Castilla poseían noticias muy concretas sobre el peligro representado por los turcos para sus dominios, el Mediterráneo y la civilización cristiana por la legación del cardenal Borja en  1472-1473. Pues, aunque todavía reinaba Enrique IV, Borja, según analizo con pormenor, se entrevistó con ambos y, aparte de tratar de asuntos políticos, en especial la futura sucesión de Isabel en el trono de Castilla, les transmitió directamente la relevancia que la Santa Sede concedía al desafío otomano, publicó una bula de cruzada antiturca y obtuvo, tras mucha resistencia, una cantidad fija de cien mil florines como contribución del clero, más tarde rebajada a sesenta mil. Sobre todo para Fernando, la cruzada conllevaba una vital transcendencia por cuanto la amenaza otomana se alzaba con extremada proximidad para las posesiones de la Corona en Aragón en Sicilia y Cerdeña, así como para el reino de Nápoles, estrechamente ligado a la Corona que estaba llamado a heredar.
Una vez reyes de Castilla, Fernando e Isabel tuvieron que concentrar sus desvelos en asuntos más perentorios durante un período en que la división de la cristiandad y, muy en concreto, la de las potencias de Italia, no favorecía, pese al temor a una invasión otomana de la península, una respuesta militar a la Sublime Puerta. Sin embargo, a pesar de que al principio la conexión de los monarcas con la Santa Sede no fue del todo confortable, siguieron con preocupación los avances turcos, según revelan las informaciones que les transmitían los nuncios, colectores y otros enviados papales (Lianoro de Lianoris, Francisco Ortiz, Nicolás Franco, Jacobo Rondono de Cesena, el abad de Sahagún, Juan Bautista de Imola) y las instrucciones dadas a los embajadores que enviaron a Roma (García Martínez de Lerma, Diego de Muros I, el mismo abad de Sahagún, el doctor Juan Arias), en las que conectan el choque de Sixto IV con Florencia y las guerras en la península italiana con una severa admonición sobre la amenaza turca. Por otra parte, Fernando, una vez posesionado de la Corona de Aragón, encarrilada la paz con Portugal y consciente de que el pacto turco-véneto acarreaba un ingente riesgo para la defensa del Mediterráneo y la salvaguarda de Nápoles, estrechamente ligado a la Corona aragonesa,  estimuló la formación de una liga con el pontífice y el reino napolitano. En estas circunstancias, el asedio de Rodas, iniciado el 23 de mayo de 1480, y la sangrienta toma de Otranto, culminada el 11 de agosto del mismo año, avivaron la determinación de los monarcas hispanos para intervenir en la lucha contra los turcos, mediante  su ayuda a los hospitalarios y al reino de Nápoles, a costa de retrasar sus planes bélicos contra el emirato granadino.

Even before acceding to the Castilian throne, both Ferdinand of Aragon and Isabella of Castile had specific information, provided by the embassy of cardinal Borja in 1472-1473, on the Turkish threat to their domains, to the Mediterraneam area and Christendom as  whole, at a time when the papal bull on the Anti-Ottoman crusade was published. After this, they closeled followed the information sent by the ambassadors to Rome, and by the ‘nuncios’ to the their Kingdoms. For this reason, when the siege of Rhodes and the capture of Otranto in 1480 became knowm, Ferdinand and Isabela decided to help Hospitaller and the Kingdom of Naples.

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