Glorificación de Fernando el Católico. El caso de la guerra de Granada.

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Aunque en ocasiones ya habían alabado algunas de las acciones de don Fernando incluso antes de su acceso al trono castellano e inmediatamente después, fue, sobre todo, tras la guerra civil, cerrada con la firma del tratado de Alcaçovas entre Castilla y Portugal (4 de septiembre de 1479), cuando a los autores contemporáneos les encandilaron cada vez más las relevantes empresas políticas y militares por él encabezadas, muchas veces en compañía de su cónyuge, Isabel. A partir de entonces, en efecto, y según alcanzaba el apogeo de su señorío, sin que faltaran distintas censuras, se multiplicaron las encomiásticas glosas literarias a su contribución a la pacificación interna, el encaje de los reinos en una Monarquía con tendencia unitaria, la guerra de Granada, la expulsión de los judíos, la llegada de Colón a las Indias, el feliz desenlace del atentado de Barcelona, la intervención en Italia, la penetración en el norte de África, las relaciones con Francia, los Países Bajos e Inglaterra, la habilidad con que gestionó la cuestión sucesoria en Castilla a la muerte de doña Isabel, el segundo matrimonio con Germana de Foix y la anexión de Navarra. Tampoco faltó la certificación de las recepciones que se le prodigaron en distintos lugares ni los comentarios sobre hechos íntimos de su vida, aun a costa de reconstruir fabulosamente su más remoto pasado, como el invento de un nacimiento prodigioso; abarcaron cuestiones de índole particular, como sus rasgos físicos, su religiosidad o sus aficiones culturales; y englobaron diversos sucesos familiares, si bien de manifiesta incidencia política (la muerte del príncipe don Juan, los casamientos de sus hijas). Ahora bien, el acontecimiento que apuntaló decisivamente el dominio de Fernando en Castilla lo constituyó la guerra de Granada; y, como consecuencia de su caudillaje y sus contactos con el extranjero, se labró durante estos años la reputación de un avezado estratega y diplomático, por lo que, al concluir los enfrentamientos, había afianzado rotundamente su poder en el reino castellano y consolidado su fama interna e internacional hasta el punto de que en el período de 1492 a 1503 la figura de Isabel sufrirá “un cierto ensombrecimiento” en relación con la de su marido. Pero, además, como resultado de ese papel en la guerra granadina y su transcendencia frente a otros sucesos de esos años, a lo largo de la misma, dentro y fuera de la Península ibérica, se fue asentando su glorificación literaria, que no cesó en los años siguientes, y se manifestó, según se analiza en este extenso artículo, en las fuentes narrativas y en otros textos de carácter muy vario (epístolas, discursos diplomáticos, sermones, diarios, romances, poemas cancioneriles, relatos novelescos) en los que se aprecian cuestiones sobre el momento en que se concibió el proyecto, la consideración de la contienda como una guerra legal y santa que perseguía en el interior la recuperación territorial y la extensión de la fe cristiana, y la estimación de que la derrota de los musulmanes ayudaría a contener el peligro turco en el exterior.

La_glorificacio_n_literaria_de_Fernando