La actividad literaria en la corte de Isabel la Católica

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En el siglo XV, según muestra Pero Díaz de Toledo en sus Glosas a la Exclamación e querella de la gobernación de Gómez Manrique, la corte real, al no existir un palacio exclusivo de representación, debe ser definida, acorde con la vieja definición de las Partidas, como el lugar en que se encuentran el rey y el conjunto de personas que se mueve en su entorno de manera oficial y permanente, como ocurre con la maquinaría política y administrativa, o de manera esporádica, como sucede con aquellos que se agregan en algunos desplazamientos concretos o se le unen durante su estadía en una villa determinada. Al aplicar este concepto a la corte de Isabel la Católica y a la actividad literaria asociada a la misma hay que preguntarse si cabe singularizarlo en relación con su marido y, aunque la distinción no siempre se muestra factible, cabe establecer las diferencias entre ambos que se reflejan de modo peculiar en sus intereses culturales y artísticos. Tras estas precisiones y tras recordar que antes de ser coronada Isabel promovió una consideración literaria harto escasa, comprobamos que durante su gobierno pulularon en la corte muchos escritores castellanos, catalanes y aragoneses, distintos humanistas y varios extranjeros que la visitaron circunstancialmente, por lo que quedan ejemplos de textos en castellano, catalán, latín y portugués, si bien algunos de los autores portugueses se acomodaron a escribir en castellano (Lope de Sosa, João Manuel). La actividad literaria en la corte de Isabel se explica por una concurrencia de causas: primero, sus propios intereses culturales, visibles en la tardía dedicación al estudio del latín o en la preocupación por la educación de sus hijos, así como por la de los vástagos de la nobleza y de los allegados a la corte; segundo, la extensa labor de mecenazgo a la literatura, la arquitectura, las artes plásticas, la música, la formación de bibliotecas; tercero, el ambiente de afanes intelectuales que la rodeaba gracias a consejeros laicos y eclesiásticos, escritores de vario relieve social y económico, docentes universitarios y diplomáticos; cuarto, la existencia en la propia corte de un espacio lúdico y festivo, donde la música, el canto, el baile y los espectáculos caballerescos de todo tipo (justas, torneos, juegos de cañas, corridas de toros), además de constituir una exhibición pública de lujo y poder, proporcionaban un entretenimiento que también se hallaba en las representaciones dramáticas y paradramáticas o en la recitación de poemas de temática varia; y quinto, el cometido de propaganda política de la literatura para exaltar los ideales monárquicos, las actuaciones de gobierno, las campañas militares y otros sucesos concretos. Una vez delimitadas las precisiones anteriores, estudio la actividad literaria en el entorno de Isabel acogiéndome a una clasificación temática, en la que examino la historiografía; la literatura para las tareas de gobierno (“specula principum” y literatura jurídica), la literatura política (la justificación dinástica, la actividad gubernativa, la exaltación militar, la condición de reina de España, los acontecimientos políticos concretos), la literatura de entretenimiento, es decir, la que buscaba ante todo la distracción, la diversión, el pasatiempo, el esparcimiento, el recreo). Termino con una breve referencia a los textos escritos por el impulso, solicitud o patrocinio de la reina.

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