La instruccion infantil de Isabel, infanta de Castilla (1451-1461)

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La futura Isabel la Católica nació el 22 de abril de 1451 como fruto del matrimonio de Juan II de Castilla y su segunda esposa, la portuguesa Isabel de Aviz. Su alumbramiento no suscitó ningún tipo de apreciación entre los escritores coetáneos probablemente por el hecho de que el reino contaba con un heredero maduro, el futuro Enrique IV, y, por tanto, nadie debió de pensar que aquella niña estuviera llamada a ocupar con el tiempo las más altas responsabilidades del estado. No puede descartarse, además, que en la desatención literaria pesara también su condición de mujer, si se tiene en cuenta que el nacimiento de su hermano Alfonso (15 de noviembre de 1453) sí alentó el estro de varios poetas, entre ellos Gómez Manrique, quien en la composición dedicada al infante incluye de pasada la primera mención sobre su hermana, con la que inaugura la larga serie de menciones y obras literarias que surgirán en el entorno de la futura reina a lo largo de su vida. Huérfana de padre con poco más de tres años, por cuanto Juan II murió el 21 de julio de 1454, la educación de Isabel había quedado encomendada en el testamento de su progenitor a fray Lope de Barrientos, el prior Gonzalo de Illescas y el camarero Juan de Padilla. Con todo, la niña y su hermano, tras el fallecimiento del padre, se instalaron con la reina viuda en la villa de Arévalo, donde permanecen hasta la segunda mitad de 1461, es decir, los años en que debe colocarse buena parte de la formación infantil de Isabel. Aunque sobre esa educación apenas se ha transmitido alguna noticia, cabe arriesgarse a perfilar un cuadro, si se sopesan datos muy diversos. Así, tras referirme a las disponibilidades económicas de la corte de Arévalo, me centro en la constitución de la misma y, además de poner en duda la pertenencia a la misma de Gonzalo Chacón, resalto el ambiente portugués, a resultas del cual la infanta debió de aprender esa lengua desde su infancia, por lo que pudo emplearla, por ejemplo, en la vistas de Alcántara con su tía Beatriz, duquesa de Braganza, en marzo de 1479. Asimismo, hasta los siete años la educación de Isabel debió de estar esencialmente bajo control de su madre, si bien su labor no iría mucho más allá de inculcarle algunas normas de buena conducta, unas someras pautas de comportamiento y alguna breve oración. Hacia los siete años pasaría a una segunda fase educativa, en la que se iniciaba propiamente el aprendizaje infantil con la intervención de preceptores. En este caso, los encargados de esa educación tuvieron que ser religiosos, de acuerdo con la tradición de Casa real castellano-leonesa; y, entre los distintos conventos de Arévalo, los elegidos fueron los frailes del convento de San Francisco, lo que explicaría el especial apoyo que, una vez reina, prestó Isabel a la espiritualidad franciscana. De acuerdo con los principios fundamentales para la instrucción elemental que se mantuvieron hasta fines del siglo XV, Isabel recibiría, por un lado, una enseñanza religiosa, consistente en unas nociones elementales de doctrina cristiana, basadas en el concilio de Valladolid de 1322, y una docencia profana que comprendió fundamentalmente el aprendizaje de las primeras letras, los rudimentos de escritura y las operaciones elementales de cálculo. Ambos aprendizajes iban imbricados, sus contenidos se repetían con pocas variaciones desde la Antigüedad y constituían el paso previo para el estudio de la gramática, sirviéndose de cartillas, pequeños cuadernos, una «tabula», un «stilus» y manualitos para las operaciones de cálculo. Por fin, es muy probable que en los años de Arévalo Isabel se iniciara en el aprendizaje de la música y la danza. En el segundo semestre de 1461, Isabel, con algo más de diez años, y su hermano Alfonso pasaron a la corte de Enrique IV, en la que la infanta completará su formación. (Vid. mi artículo“Isabel, infanta de Castilla en la corte de Enrique IV (1461-1467): Formación y entorno literario”, en Actes del X Congrès de l’Associació Hispánica de Literatura medieval, eds. R. Alrmany, J. Ll. Martos y J. M. Manzanaro, Alicante, 2005, I, pp. 185-212). Uso datos de ambos artículos en “La instrucción de Isabel la Católica. Los años cruciales (1451-1467)”, Arbor, CLXXVIII/ 701 (mayo 2004), pp. 107-128).

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