Las serranillas de don Íñigo López de Mendoza

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Desde la primera mitad del siglo XII, con un poema de Marcabrú como primer ejemplo conocido (<<L’autrier jost’una sebissa>>), surgió en el sur de las Galias la denominada <<pasturella>> provenzal que gozó de una relativa expansión, pues quedan como muestra unas veinticinco composiciones. Muy pronto, el género se imitó en Francia, donde, con la renovación de algún motivo, adquirió un mayor desarrollo, de manera que pervive cerca de un centenar y medio de poemas. A su vez, como importación de la pastorela provenzal y francesa, la lírica gallego-portuguesa cultivó estos poemas en el último tercio del siglo XIII como un género tardío, agregando un par de peculiaridades: la delimitación territorial en Galicia, y más concretamente en el Camino de Santiago, y la tendencia a prescindir del diálogo o a tenerlo por secundario. Asimismo, el género no cuajó, lo que explana que solo se hayan conservado siete poemas que, además, presentan abundantes cruces con las cantigas de amigo y de amor. Íñigo López de Mendoza, futuro marqués de Santillana, recuerda en su Prohemio e carta al condestable de Portugal (fines de 1448 o acaso ya 1449) haber leído en su infancia ese tipo de <<serranas y dezires portugueses y gallegos>> en un cancionero de su abuela, Mencía de Cisneros; y, ya cuando mozo, tuvo oportunidad de conocer paradigmas castellanos escritos por su abuelo, Pedro González de Mendoza, su padre, Diego Hurtado de Mendoza, más los incluidos en el Libro de buen amor por el arcipreste de Hita, quien había aportado variantes sustanciales a la tradición provenzal y francesa, principalmente los rasgos caricaturescos y paródicos de la protagonista femenina. Con el conocimiento de tales antecedentes, don Íñigo inició su actividad literaria con composiciones de este tipo, compendió en sus serranas modalidades y motivos provenientes de las distintas tradiciones y las acogió en el cancionero de autor que hacia 1456 remitió a su sobrino Gómez Manrique, disponiéndolas en el orden cronológico en que las había escrito. A partir de estas precisiones, replanteo en el resto del artículo la cronología de sus serranas que se extiende desde 1429 o en torno a esa fecha hasta 1440, mostrando que manifestó interés por las mismas al comienzo de su labor poética, pero no les prestó demasiada atención en su futura carrera. Ahora bien, la consciente inserción de esos poemas hacia 1456 en el cancionero copiado para su sobrino conduce a tres conclusiones destacables: primero, el aprecio del marqués hacia las serrana ha cambiado; segundo, al haber sido supervisada la antología por el propio autor, las serranas recogidas corresponden a las que compuso, confirmando el escaso número y el cese en esa tarea desde 1440; tercero, la ordenación temporal del cancionero ayuda a fechar las serranas con más exactitud. Por otra parte, con la salvedad del Cancionero de Palacio que incluye una de las serranas de don Íñigo, no se acogen en ninguno de los cancioneros colectivos del siglo XV, sin duda porque, a causa del chico aprecio que por las mismas sintió el poeta, se hicieron pocas copias manuscritas y tuvieron una exigua circulación.

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