Poder y escritura en la España del siglo XV. El caso del «Cancionero de Estúñiga»

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El estudio del vínculo entre poder y escritura, que puede contribuir a esclarecer la conexión entre literatura y sociedad, conduce a un análisis de larga tradición que, con precedentes desde mediados del siglo XIX, originó métodos propios y específicos que se denominaron sociología de la literatura y se orientaron esencialmente en dos direcciones: la crítica marxista (Luckacs, Goldmann, Adorno, Horkheimer, Marcuse) y la crítica sociológica objetiva (Michard, Escarpit, Salomon). La adaptación de ambos sistemas a la literatura castellana medieval ha sido muy disímil y sus resultados han ido desde el desaliento hasta una inadecuada aplicación, acaso por los inconvenientes de adaptarlos a un período tan lejano. Con todo, y a pesar de los peligros que acechan a la sociología de la literatura, sus métodos pueden resultar provechosos, ya que el escritor vive y escribe en un medio social; la creación literaria se produce en un contexto preciso y en una sociedad con unos problemas singulares de orden social, político, económico y religioso; y la misma literatura es un hecho social porque nace en una sociedad, incide en la misma y recibe su influencia. Ahora bien, el poder, en sus varias manifestaciones, es una superestructura que condiciona todos los estratos de la sociedad, por lo que puede ejercer distintas influencias en el hecho literario que van desde el mecenazgo o la subvención hasta la censura o la promoción de determinados temas y puntos de vista.
Con este esbozo, tras incluir algunos ejemplos de las letras castellanas del siglo XV, planteo el enlace de los principales cancioneros cuatrocentistas con situaciones de poder, en cuanto su recopilación se realiza en torno a las distintas cortes, convertidas en centros donde converge la actividad intelectual, y centralizo mi planteamiento concreto en el Cancionero de Estúñiga y las circunstancias en que se copia. El cancionero, en efecto, se recopila en Nápoles, bajo la dominación de una dinastía no italiana sino castellano-aragonesa, en tiempos de Alfonso V y los primeros años de Ferrante; y en una corte constituida en un <<meltingpot>> de civilización, donde hispanos e italianos escriben en latín, italiano, catalán y castellano, pero con preferencia por el castellano a causa del amplio número de personajes influyentes en el entorno cortesano que eran castellanohablantes. Como consecuencia de esa situación, diez de los cuarenta poetas antologados se hallan documentados en la corte napolitana, durante más o menos tiempo, desempeñando actividades militares o administrativas; de otros seis, aunque falte confirmación documental, cabe asegurar su estadía en el reino por la temática de sus poemas o por su transmisión exclusiva o preferente en cancioneros de procedencia napolitana; y acaso tres más mantuvieron también algún lazo con Nápoles. Por otro lado, no pocas composiciones conectan con aconteceres napolitanos (triunfos bélicos y afición cultural del mismo Alfonso V,  hechos o personas relevantes de su reinado, magnates como Francisco Centellas o el conde de Nola, situaciones políticas, mujeres influyentes, en especial Lucrecia d’Alagno). Desde otra perspectiva, el cancionero se traslada para un magnate de la corte que puede permitirse pagar un producto costoso y esmerado, muy posiblemente Íñigo de Guevara por las razones que aquí resumo. Por fin, la conexión entre escritura y poder explica la notable italianización del habla del copista, influido, pese a su origen aragonés, por el entorno cortesano de Nápoles, donde trabaja.

Poder_y_escritura_en_la_Espana_del_siglo