Reflexiones sobre el episodio de Rachel y Vidas en el <>

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Se trata de un análisis  muy detallado del episodio del Poema de mio Cid, donde se cuenta la treta del Campeador, quien llena de arena dos arcas que, una vez recubiertas de cuero y <<clavos bien dorados>>, simulan contener atractivas riquezas que le sirven para conseguir un préstamo de Rachel y Vidas, mercaderes burgaleses.
Comienza el estudio con la constatación de que se trata de un tema tradicional que guarda relación con un motivo folclórico de vieja raigambre, cuya versión más antigua se encuentra en la Historia de Heródoto y, después, en el Epítome de Justino, la Disciplina clericalis de Pedro Alfonso, la colección Gesta Romanorum, el Decamerón de Boccaccio, la Estoria de España de Alfonso X, el anónimo Libro de los enxemplos, el Portacuentos de Timoneda y el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán. Tras esta comprobación, examino la recreación realizada por el autor del Poema de mio Cid, deteniéndome especialmente en los nombres de los personajes y en la ambientación del pasaje.
En cuanto a los protagonistas, sus nombres (Rachel y Vidas) no constituyen razón suficiente para catalogarlos como judíos, según ha ocurrido con distintos críticos, aunque merecen un largo escudriño que aquí realizo, para escrutar luego otros datos que aseguran su judaísmo y que proceden de la localización del episodio y de las actividades a que la pareja de consocios se dedica.
Así, Rachel y Vidas viven en la zona del castillo de Burgos (más en concreto, la judería superior o <<de Arriba>>), es decir, el lugar donde habitaban los judíos, siguiendo una costumbre que remontaba a las más remotas épocas de su dispersión y que fue común a otras juderías hispanas de la Edad Media. En consecuencia, para cualquier burgalés de la época la mención del <<castiello>> servía para determinar sin más precisiones la casta a que pertenecían Rachel y Vidas, con lo que el episodio adquiere un carácter localista y se acomoda a la realidad concreta e histórica del público al que se dirige el relato.
Por otra parte, no puede tratarse sino de judíos, puesto que a actividades propias de ellos se dedican Rachel y Vidas: el préstamo concedido mediante el depósito de una prenda, el compromiso de pagar un interés y la fijación de un tiempo concreto para la devolución de lo prestado, es decir, una actividad usuraria que constituyó una de las principales actividades judías en el Occidente cristiano, apoyada en el Deuteronomio, que aprobaba la imposición de usura al extranjero, frente a la autoridad de la Iglesia que prohibió el préstamo con interés apoyándose en el Evangelio de Lucas (VI, 35). Además, en la operación aparece como garante un intermediario (Martín Antolínez), quien  exige como pago de su servicio unas <<calças>>, solicitud que no es caprichosa sino que responde a una costumbre típica de la Edad Media (al menos, en España, Francia e Italia) como gratificación o comisión por un favor o servicio, según pruebo con un amplio puñado de textos.
Las precisiones anteriores conducen a indagar en el significado del pasaje que es un episodio de ficción, inventado por el poeta en función de las necesidades del relato, pero inspirado en notas y rasgos minuciosamente captados de la realidad circundante y con la estructura típica del <<exemplum>>. Con el episodio, el autor del Poema busca, al mismo tiempo, conseguir la risa del público y excitar su antisemitismo, aunque no religioso sino de base socioeconómica, es decir, fundamentado en la percepción de que los judíos monopolizaban el comercio del dinero y obtenían perversas ganancias de los cristianos a través de la usura. Cabe, con todo, encontrar otros propósitos secundarios (ensalzar el empleo de mañas para el engaño; censurar la avaricia; burlarse de un grupo exento de participar en la guerra, bien reprobable en un poema épico).
Las últimas páginas de este artículo se dedican a explicar la reclamación del préstamo que, tres años después, plantean Rachel y Vidas a Minaya, quien les contesta de manera esquiva y casi sarcástica. Pese a interpretaciones muy diferentes, se trata, a mi juicio, del colofón de la burla planteada por el autor en función del halago de sus oyentes. Por último, como resultado de muchas precisiones hechas a lo largo del estudio, deduzco que el examen del pasaje apoya las teorías de quienes piensan en un autor culto, perito en Derecho, que dirige su poema, especialmente, a los habitantes de Burgos.
[Con el mismo título, pero con algunos cambios, puede leerse este artículo en las Actas del VIII Congreso de la Société Rencesvals, Pamplona, 1981, pp. 431-449].

Reflexiones_sobre_el_episodio_de_Rachel