Ricos, pobres y literatura medieval entre los siglos XIII y XV

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En este largo artículo comienzo examinando, con bastantes ejemplos concretos, la dificultad que existe para diferenciar con precisión las categorías de pobreza y riqueza en la Edad Media (que no se agotan en la tradicional división de la sociedad en <<defensores>>, <<oratores>> y <<laboratores>>), así como la inexistencia de monografías sobre la cuestión en el terreno literario. Una vez asentada la complejidad que encierra la definición de los conceptos de pobreza y riqueza, planteo luego, también con un nutrido puñado de ejemplos, la subjetividad y el relativismo con que los escritores de la época los manejan y, por tanto, su imprecisión, pasando a una indagación más concreta. En cuanto a la percepción de la pobreza en la literatura de la Edad Media, explico que en todas las etapas de la época se prodigaron muchas clases de pobres, asentadas a veces en los principios cristianos que, desde los Evangelios, contienen una reiterada exaltación de la pobreza. Esos fundamentos sirvieron a los moralistas para insistir en la caducidad de las riquezas y predicar que los pobres no debían pensar en otra cosa sino en la salvación, la cual debía constituir un ideal al que tenía que aspirar todo cristiano, aun cuando solo algunos lo eligieran como forma de vida, atendiendo a una vocación religiosa o a un deseo de santidad. No faltaron, sin embargo, escritores que tronaron contra la indigencia, la dificultad o imposibilidad de cambiar esa condición y los infortunios que provoca (dolor, vileza, tormento, desesperación, maldición, envejecimiento prematuro, inconveniente para establecer relaciones amorosas). Por lo que atañe a la caracterización de los ricos en la literatura medieval, encontramos muchas perspectivas, entre las que analizo fundamentalmente tres. Primero, el valor concedido al dinero a causa de los beneficios sociales, personales y hasta espirituales que procura, por lo que el ansia de su posesión es común a todos los estamentos. Segundo, los comportamientos irregulares que origina su mal uso, en especial el pecado de la avaricia, cuya censura se reitera en manuales de confesión, catecismos y penitenciales y en la que se ve el origen de hurtos, robos, impuestos excesivos, usura, ganancias ilícitas, traiciones, muerte y enfrentamientos armados. Tercero, las profesiones a las que principalmente se achaca el afán desmesurado de su acaparamiento, entre las que se consideran prototipos las jerarquías eclesiásticas (desde el papa y su entorno), en las que anida la simonía y el gusto por la vida regalada; los <<defensores>> que roban y estragan las tierras de los labradores y se embolsan el dinero de los repartimientos; los recaudadores de impuestos; los mercaderes y los usureros; los jueces y los abogados corruptos. Por último, señalo que, como en todos los tiempos, frente al avariento se alzó también en la Edad Media la figura del generoso y desprendido, de la que se juzgó modelo a algunos personajes de la Antigüedad (como Alejandro Magno, César, Pompeyo y Aníbal) y a varios contemporáneos (Enrique IV, Rodrigo Manrique). Estas reflexiones se apoyan en números textos mediolatinos, provenzales, franceses, italianos, catalanes y castellanos entre el siglo XII y fines del siglo XV, de acuerdo con la siguiente lista: Carmina burana, Phyllidis et Florae, Hueline et Eglantine, Jugement d’Amour, trovadores provenzales, Gautier de Coinci, Gonzalo de Berceo, Poema de Elena y María, Libro de Alexandre, San Francisco de Asís, Libro de los doce sabios, Dante, Alfonso X, Boccaccio, textos de don Juan Manuel, Libro de buen amor del arcipreste de Hita, Poema de Alfonso onceno, Anselm Turmeda, Rimado de palaçio de Pero López de Ayala, Libro de miseria de omne, Tratado de la doctrina de Pero de Veragüe, Confesión rimada de Fernán Pérez de Guzmán, Dança general de la muerte, Epistula ad Mahumetem de Pío II, Alfonso Martínez de Toledo, diversos poetas cancioneriles de mayor o menor fuste (Juan Alfonso de Baena, Álvarez de Villasandino, Gonzalo Martínez de Medina, Juan de Mena, Ruy Páez de Ribera, Jorge Manrique, Pero Guillén de Segovia, Jerónimo de Artes), Glosa castellana al Regimiento de príncipes, La Celestina y Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo.

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