Valencia en torno a 1511

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En 1511 se publicó en Valencia el Cancionero general. La pretensión de este artículo, recurriendo a fuentes contemporáneas, no en exceso aprovechadas (el Manual de Consells o dietario de deliberaciones del concejo municipal, el Dietari del capellà d’Alfons el Magnànim, el Libre de Antiquitats de la Seu), y a una exhaustiva bibliografía busca reconstruir las circunstancias políticas, socioeconómicas y culturales en que se desarrolló la vida de la urbe en esos momentos. Para ello, se toma como punto cronológico de comienzo la llegada a Valencia en 1472, como legado “a latere” de Sixto IV, del cardenal Rodrigo de Borja, cuya estancia, aparte de los logros políticos, produjo frutos artísticos relevantes; y, por tanto, desde aquí hasta 1511, se reconstruye una etapa que corresponde en esencia a la del gobierno de los Reyes Católicos. Se percibe, así, una ciudad suntuosa y esplendorosa, en que se sucedían fiestas y recepciones de todo tipo, desde entradas reales a justas, desde entremeses a corridas de toros, y cuyo ambiente vital, festivo y de costumbres liberales percibían los viajeros foráneos, como el noble polaco Nicolás de Popielovo, el alemán Jerónimo Münzer o Antonio de Lalaing, señor de Montigny. Se trataba igualmente de una ciudad grandiosa, consciente de su identidad política y lingüística, así como de su pujanza demográfica, económica y comercial, que aprovechaba el magnífico puerto, y sobresalía por la fértil agricultura de su huerta, la estabilidad monetaria gracias a la reforma introducida por el rey don Fernando en 1481, la actividad importadora y exportadora, la industria artesana y el desarrollo de la imprenta con la contratación de maestros y obreros por los hermanos Vizlant y la instalación de impresores de distintas nacionalidades. Asimismo, la ciudad conoció un desarrollo artístico y cultural de primera magnitud, con la reparación y ampliación de las Atarazanas del Grao en 1500 y años sucesivos; la construcción de edificios civiles de gran relieve, como el palacio de la Diputaciò de la Generalitat del Regne de València, la Lonja, el palacio del embajador Jerónimo de Vich, y, ya en 1512, el Hospital General; y en el mundo religioso, con la erección de distintos conventos, así como retablos y contribuciones pictóricas en la catedral y en iglesias como la de San Nicolás. La evolución de la enseñanza, especialmente en medicina, en cuya práctica despuntó el reino de Valencia desde el siglo XIV, originando la Escuela de Cirugía en 1462, desembocó en la creación del Estudio General o Universidad en 1502 con algunos profesores de categoría, entre los cuales figuran dos cuya tarea poética recoge el Cancionero general: Lluís Crespí de Valldaura y Alonso de Proaza. Valencia, además, a lo largo del siglo XV fue desplazando a Barcelona como centro de la actividad literaria en catalán, según muestran escritores como Ausiàs March, Joannot Martorell, Dionis Guiot, Isabel de Villena, Jacme Roig, Martí Joan de Galba, Joan Roís de Corella, Bernat Fenollar y una larga lista, varios de los cuales se dieron a conocer en certámenes poéticos. A fines del XV y principios del XVI, por tanto, la lengua autóctona era la habitual de la maquinaria administativa y, sin ningún tipo de restricción, la de comunicación usual y la más frecuente en la expresión literaria. La aparición del Cancionero general en 1511 marca un cambio de tendencia porque, pese a ser valencianos unos cuantos de los autores escogidos, no aparece ni un solo poema en esa lengua, lo que se explica por una suma de motivos: el deseo de su antólogo, Hernando del Castillo; los gustos castellanizantes de su destinatario; la percepción de los gustos del mercado, ya que se trataba de un producto al que se deseaba sacar rentabilidad económica y que por sus características tuvo que alcanzar un precio elevado; y la decadencia de las letras autóctonas, al igual que en Cataluña, por la expansión que había alcanzado el castellano en el interior y el exterior. La guerra de las Germanías y sus corolarios políticos influirán definitivamente en el posterior proceso de castellanización que llegará a su cenit en los años cincuenta y sesenta del siglo XVI.

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